Cultura de luto. Murió Mario Benedetti, sembrador de conciencias libres e inclaudicable ética |
|
|
|
|
Escrito por Hugo Acevedo, [Diariodeurgencia] RESUMEN LATINOAMERICANO 2010, 21/05/2009
|
|
jueves, 21 de mayo de 2009 |
|
Una vida de militancia por la literatura y la justicia social Por Hugo Acevedo | Dejó de existir, en la víspera, a los 88 años de edad, el poeta, novelista y ensayista Mario Benedetti, figura emblemática de la literatura uruguaya e insoslayable referente ético, que plasmó en su vasta obra su fuerte compromiso político y social. Su prolongado periplo creativo que se edificó sobre el talento, la pasión, el trabajo, el esfuerzo y el sacrificio- fue un auténtico ejemplo para varias generaciones y un paradigma ineludible de la más acendrada militancia por la dignidad y la justicia social. No en vano, Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Forugia fue admirado fuera de fronteras, donde cosechó un sólido prestigio y numerosos galardones y distinciones, en reconocimiento a su descollante aporte a las letras castellanas. Sin embargo, quizás uno de los mayores méritos de Benedetti haya sido haber logrado una suerte de entrañable romance con su multitudinaria legión de lectores, que se nutrió de la comunicación, la sensibilidad y la cabal comprensión del sentir popular. Benedetti fue un retratista por antonomasia, que interpretó, como pocos el espíritu de la idiosincrasia uruguaya, con una mirada que excedió claramente los marcos geográficos y culturales de nuestra pequeña comarca. La universalidad de sus temas y abordajes erigió a su obra en una suerte de catálogo, que atesoró el sentir, la pasión y los sueños de un país que comparte las mismas vicisitudes que sus hermanos latinoamericanos. En una reciente biografía titulada "Benedetti: un mito discretísimo", la crítica literaria y gestora cultural Hortensia Campanella condensó la experiencia vital de este hombre excepcional, que resistió incólume la intolerancia, el denuesto, la censura, la persecución política y un largo exilio durante la dictadura. Su peripecia vital Mario Orlando Hamlet Brenno Benedetti Forugia nació el 14 de setiembre de 1920 en Paso de los Toros, departamento de Tacuarembó. Su familia se trasladó a Montevideo, cuando el futuro poeta tenía apenas cuatro años. Ese fue el comienzo de su romance con nuestra capital, que condensó en múltiples narraciones y composiciones poéticas que revelan minuciosamente sus hábitos, costumbres e inflexiones emocionales. Cursó estudios primarios en el Colegio Alemán, iniciando prematuramente un periplo que fusionó la experiencia con la palabra, ejes de su vasta producción literaria. Paralela a su pasión por la escritura creció su impetuosa pulsión por la lectura, que coadyuvó, en forma determinante en su formación intelectual. También fundó un periódico que solía distribuir entre sus vecinos. Mario Benedetti afrontó una adolescencia dura, ya que a los 14 años debió abandonar sus estudios secundarios para comenzar a trabajar en una casa de repuestos de automóviles. También fue taquígrafo, cajero, traductor y funcionario público, pero su segunda gran pasión, además de la literatura, fue el periodismo. Ese contacto temprano con el trabajo le permitió conocer a fondo diversos ambientes, particularmente el mundo bastante gris de las oficinas. Esa experiencia nutrió su obra de los primeros tiempos. Entre 1938 y 1941 residió en Buenos Aires y, mientras se afirmaba su vocación literaria, trabajó como taquígrafo, cadete oficinista y, más tarde, gerente de una inmobiliaria. En 1945, ya de regreso en Montevideo, publicó su primer libro de poemas, "La víspera indeleble", que él mismo consideraba como un mero experimento carente de mayor relevancia. Su insoslayable pasión por el periodismo le permitió ingresar al emblemático semanario "Marcha", donde se formó junto a Carlos Quijano y otros referentes de la denominada generación del 45, de la cual fue uno de los más brillantes exponentes. Su vínculo con dicha publicación independiente terminó en 1974, cuando la dictadura cívico militar concretó su cierre definitivo, en el marco de su operativo de arrasamiento de las voces opositoras. Benedetti se casó con Luz López Alegre, con quien compartió casi toda su vida, pese a las exigencias del trabajo y su prematuro compromiso con las ideas de izquierda, que le demandaron un importante esfuerzo de militancia. En 1948, dirigió la revista literaria "Marginalia" y ese mismo año publicó el volumen de ensayos "Peripecias y novelas", que fue marcando su itinerario creativo. Un año después, integró el consejo de redacción de la revista "Número", una de las publicaciones culturales más importantes de la época, cuya primera etapa se extendió hasta 1955. La primera expresión de su fuerte militancia y su alto nivel de compromiso fue su participación en el movimiento contra el Tratado Militar con los Estados Unidos. Su postura antiimperialista se mantuvo incólume hasta su muerte. Con "Quién de nosotros" (1953) y "Poemas de la oficina" (1956), el autor inauguró una nueva veta temática hasta ahora no transitada por el género poético. En 1957, el escritor viajó por primera vez a Europa, visitando nueve países en su calidad de corresponsal de "Marcha" y "El Diario". También visitó Estados Unidos en 1959, donde recogió también una valiosa experiencia que afirmó su condición de militante contra el imperialismo. Su visita a la potencia del Norte coincidió naturalmente con el triunfo de la revolución cubana, hito histórico que fue determinante en su consolidación ideológica. La publicación de "Cuentos montevideanos" fue uno de los sustentos de su concepción urbana de su narrativa, que ya ingresaba con mayor profundidad en la conciencia de un país enfrentado a una crisis de identidad. Un libro referente de su producción, que se considera clave en la impronta crítica del autor, es "El país de la cola de paja". Sin embargo, recién con la edición de "La tregua" su novela más difundida y aclamada-, Benedetti comenzó a ingresar en el corazón de miles de lectores de todas las edades. "La tregua", que es una historia de amor mínima pero potentemente emotiva, tuvo más de un centenar de ediciones, fue traducida a diecinueve idiomas y adaptada al teatro, el cine y la televisión. Junto a "El país de la cola de paja", "La tregua" es el otro título que afianza un espíritu de denuncia y toma de conciencia ante la crisis de una sociedad que comenzaba dramáticamente a fragmentarse. Su obra poética de la época se sintetiza en dos títulos referentes: "Poesías del hoy por hoy" y su primera edición de "Inventarios", que condensa textos concebidos en el período 1950-1958. A mediados de la década de los sesenta del siglo pasado, Mario Benedetti trabajó en el diario "La Mañana", donde publicó crítica de teatro. También colaboró con la revista humorística "Peloduro" y escribió crítica de cine en "La tribuna popular". Poco después de publicar "Gracias por el fuego", viajó por primera vez a La Habana, para participar, en calidad de jurado, en el concurso Casa de las Américas. El escritor vivió durante un año en la capital cubana, adonde regresó reiteradamente. Su vinculación con Casa de las Américas fue permanente y trabajó en su biblioteca y varias veces como jurado. Sus obras han sido publicadas infinidad de veces por las principales editoriales cubanas y sus textos son estudiados en escuelas y facultades. Exilio y regreso A su intensa actividad literaria y periodística, el poeta sumó su cada vez más intensa militancia política, que le llevó a ser cofundador del Frente Amplio, en 1971. Ese mismo año publicó "El cumpleaños de Juan Ángel" y fue designado director del Departamento de Literatura Hispanoamericana de la Facultad de Humanidades. Su inclaudicable compromiso con la izquierda que condensó siempre en sus textos, lo expuso a las represalias de la dictadura militar instalada en junio de 1973. La dictadura censuró y prohibió su obra y lo proscribió y persiguió personalmente. A raíz de esta situación, debió emprender el camino del exilio, trasladándose inicialmente a Buenos Aires. Su libro "El escritor latinoamericano y la revolución posible" (1974) marcó a fuego su papel de inclaudicable oposición a los gobiernos autoritarios instalados en el continente. Amenazado por la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) partió rumbo a Perú, donde fue rápidamente deportado. En esas circunstancias, regresó a Cuba como exiliado. Sin embargo, pese a la lejanía de su patria natal y a ser censurado por la dictadura, Benedetti siguió escribiendo y publicando: "Con y sin nostalgias" (cuentos), "La casa y el ladrillo" (poemas), "Pedro y el capitán" (obra teatral) y "Cotidianas" (poesía). En 1980, ya en Palmas de Mallorca, comenzó a concebir "Primavera con una esquina rota", que vio la luz dos años después. La aparición de "Vientos del exilio" (1981) retrató elocuentemente el perfil eminentemente nostálgico de un intelectual que, pese a añorar a su país, nunca abdicó de su papel de fuerte opositor al gobierno autoritario que detentaba el poder en nuestro Uruguay. También residió en Madrid, donde es admirado y tuvo residencia paralela durante un buen tiempo, aún luego del final de la dictadura. Su regreso a nuestro país tras la restauración de la democracia, contribuyó a transformarlo más que antes- en una figura admirada y venerada. Publicó artículos periodísticos en Brecha y sus principales obras fueron publicadas por LA REPUBLICA. Su itinerario creativo prosiguió durante la década de los ochenta, con la publicación de sus "Cuentos completos" (1986) y "Yersterday y mañana" (1989). En la década de los noventa, apareció otra recopilación de "Cuentos completos", el conjunto de ensayos "El ejercicio del criterio" y el libro de poesías "El olvido está lleno de memoria". Legado perpetuo Pese a sus crecientes problemas de salud y al doloroso luto derivado de la muerte de su gran amor, jamás dejó de crear, editando casi un libro por año. Su último título, "Testigo de uno mismo", data de mediados de 2008. Aunque fue premiado y condecorado en varios países extranjeros, el reconocimiento en su Uruguay le llegó recién en 2005, cuando le fue otorgado el título Doctor Honoris Causa por parte de la Universidad de la República. Autor de casi medio centenar de libros de poesía, novela, cuentos, ensayos y biografías Mario Benedetti fue, sin dudas, una de las figuras más descollantes de la literatura uruguaya contemporánea. Sus obras fueron llevadas al cine, al teatro y también inspiraron canciones de Joan Manuel Serrat y Pablo Milanés, entre otros interpretes de América y del mundo entero. La variedad del universo literario benedettiano, que suele resultar inclasificable, tiene un registro que le otorga coherencia y la suprema cualidad de establecer una fuerte relación de complicidad con el lector. La escritura de Benedetti fue brillante y provocadora, despertadora de conciencia crítica y fuertemente comprometida con la realidad y con las necesarias transformaciones sociales y políticas que requiere el continente americano. Su pluma fue una suerte de antídoto contra la resignación, la frivolidad y la hipocresía de los falsarios que pretenden monopolizar el discurso histórico. Aunque siempre cultivó el humor de sesgo inteligentemente irónico, el emblemático escritor fue un agudo crítico del autoritarismo, el imperialismo y el monopolio del poder. Su vasta obra constituye, sin dudas, un legado perpetuo que contribuirá a seguir formando a las futuras generaciones en la dignidad, la solidaridad y el compromiso ético. |
|
|
Escrito por http://es.wikipedia.org, 18/05/2009
|
|
lunes, 18 de mayo de 2009 |
|
| | | Nombre | Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farugia | | Nacimiento | 14 de septiembre de 1920 Paso de los Toros, Tacuarembó, Uruguay | | Defunción | 17 de mayo de 2009 (88 años) Montevideo, Uruguay | | Ocupación | Escritor, poeta y ensayista. | | Nacionalidad |  | | Período | 1945 − 2009 | | Género | Cuentos, novelas, ensayos y poesía | | Movimientos | Generación del 45 | | Cónyuge | Luz López | |
|
Modificado el ( lunes, 18 de mayo de 2009 )
|
|
|
Escrito por Silvio Rodríguez, musica.com, 15/05/2009
|
|
jueves, 14 de mayo de 2009 |
|
Género: Nuevo trova cubana Autor: Silvio Rodríguez La Maza Si no creyera en la locura de la garganta del sinsonte si no creyera que en el monte se esconde el trino y la pavura. Si no creyera en la balanza en la razón del equilibrio si no creyera en el delirio si no creyera en la esperanza. Si no creyera en lo que agencio si no creyera en mi camino si no creyera en mi sonido si no creyera en mi silencio. Que cosa fuera que cosa fuera la maza sin cantera un amasijo hecho de cuerdas y tendones un revoltijo de carne con madera un instrumento sin mejores resplandores que lucecitas montadas para escena que cosa fuera -corazón- que cosa fuera que cosa fuera la maza sin cantera que cosa fuera -corazón- que cosa fuera que cosa fuera la maza sin cantera. Si no creyera en lo más duro si no creyera en el deseo si no creyera en lo que creo si no creyera en algo puro. Si no creyera en cada herida si no creyera en la que ronde si no creyera en lo que esconde hacerse hermano de la vida. Si no creyera en quien me escucha si no creyera en lo que duele si no creyera en lo que quede si no creyera en los que luchan. Que cosa fuera que cosa fuera la maza sin cantera un testaferro del traidor de los aplausos un servidor de pasado en copa nueva un eternizador de dioses del ocaso júbilo hervido con trapo y lentejuela que cosa fuera -corazón- que cosa fuera que cosa fuera la maza sin cantera que cosa fuera -corazón- que cosa fuera que cosa fuera la maza sin cantera. Fuente: musica.com |
|
Modificado el ( lunes, 18 de mayo de 2009 )
|
|
SOY LA DONCELLA MÁS AMADA QUE HA TENIDO PACHA MAMA |
|
|
|
|
Escrito por Efer Arocha, (Especial paa La Pluma), 4/05/2009
|
|
lunes, 04 de mayo de 2009 |
|
Por Efer Arocha Escritor París, 2 de febrero de 2009 Las montañas se encontraban todavía frescas a causa de los distintos eructos y sus lomos empezaban a reposarse, mientras que su sudor se convertía en hilos en dirección del mar; fue en este momento cuando todo comenzó al pie de Apu, una misteriosa montaña donde el frío para llegar a la cúspide, pasa por todas las gradas del termómetro. Allí me encontré por primera vez con unos animales los más insólitos que conozco y sin parecido con los otros seres vivos. En mis primeras observaciones descubrí que eran bípedos e implumes. Cuando tuve oportunidad de volverlos a mirar en detalle, noté su piel lisa y sin cerdas. Lo único en común que les encontré con los demás animales era que la hembras tenían tetas y sus crías mamaban. Hasta ese momento se alimentaban de mí todas las variedades de antiodáctilos que osando me descubrían, algunos cánidos y escasos paquidermos. Para ese entonces yo ya había aprendido a defenderme de insectos y de otros minúsculos animales que habitan mi medio. Los seres recién vistos, cogían mi cuerpo y yo pasaba de mano en mano, me observaban atentos y se mostraban admirados y regocijados de mi presencia. Empezaron a morderme y de inmediato me di cuenta, por mis experiencias anteriores, que sería uno de sus alimentos preferidos. Lo que no presagiaba era lo que ocurriría después. Siguiendo mis pasos me buscaban por todas partes, ellos subían y subían la cordillera, y con el tiempo descubrieron mi residencia principal donde proliferó y creció toda mi familia y parentela. Estoy hablando de los alrededores del lago Titicaca. Mi primera y gran sorpresa la tuve, luego de que ellos me tragaban tal como me arrancaban del seno de Pacha Mama, cruda y con cáscara, durante muchos años procedieron así. De pronto cambiaron, empezaron a usar un proceso para el ablandamiento de mi cuerpo antes de engullirme, me asaban algunas veces con piel, y en otras me despellejaban. Luego se les dio por ablandarme en agua hirviendo y posteriormente me mezclaron con pedazos de animales y algunas raíces. También me pusieron nombre por primera vez, Maman Jatha. Son tantos los nombres que me han dado desde entonces que en mi cerebro hay poco espacio para ellos. Cuando me llevaron por primera vez a Europa, los italianos me llamaron tartufol, los alemanes kartoffel, los rumanos katof, y ¡qué decir! Lo que nunca pensé fue que el encuentro con estos animales cambiaría mi vida para siempre. En adelante me despreocupé de todos mis problemas, éstos se acabaron en forma definitiva. Había sufrido tanto, defendiéndome algunas veces contra otras plantas, en ocasiones contra animales grandes y pequeños, eludiendo la furia de Pacha Mama que no siempre está de buen humor y pasa abruptamente de lo húmedo a lo seco. Y en ese orden, múltiples adversidades que en momentos críticos me hacían desfallecer y casi perecer. Ellos empezaron a cuidarme con esmero, con un cuidado increíble. En el sur donde muere el horizonte y Pacha Mama no existe más, era tal la dedicación por mí que hicieron crecer mi cuerpo hasta pesar un cuarto de tonelada. En Chiloé era donde más me querían. Recordaba los viejos tiempos cuando en esos mismos predios para poder sobrevivir avanzaba penosamente, siguiendo siempre el clima frío pero no tan helado porque por debajo de 9 grados centígrados la frescura me entume, y por encima de 23 el calor me asfixia. En mi caminar por entre Pacha Mama llegué a peñascos y riscos, allí me descubrieron esos animales de los que antes he venido hablando, pero que tenían la característica de dormir una noche aquí y otra noche allá, conocidos como nómadas por el tanto mudarse. Como yo crecía por todas partes, mis flores se confundían con las nubes, entonces optaron cambiar sus hábitos de deambular y se decidieron a vivir conmigo. Construyeron agrupaciones en Jalca y luego la fortaleza de Knélap, para defenderse de sus enemigos pues siempre los atacaban. Primero se llamaron los hombres de las nubes y luego Chachapollas. Atrajeron mi atención porque eran muy claros, altos y delgados como una palma. Empecé a descubrir que estos animales eran de tamaño y color diferente y se encontraban por todas partes. En mi viaje hacia el norte fue cuando me percaté de ello. Otra cosa muy curiosa a mi entender, era que la duración de mi cocción en recipiente de barro les sirvió como medida de tiempo, puesto que el lapso de ablandamiento de mi cuerpo es constante después que el agua entra en hervor. A partir de entonces comenzaron a hacer nudos con los hilos de pita, a los que llamaron quipus, y luego se pusieron a contar animales domésticos. Se me hizo mucha gracia que los valdivios que habitaban en ese entonces, en lo que ahora se llama Ecuador, usaban mi cuerpo cuando era bicéfalo y el resto se asemejaba a una pareja de ellos constituida por macho y hembra, como la divinidad de su reproducción. Cuando una hembra presentaba síntomas de preñez, mi cuerpo se convertía en el centro de festividades de toda la tribu, entonaban cantos, tocaban instrumentos y bailaban. Entrada la noche me dormía entre los senos de las futuras parturientas por cuatro noches consecutivas, y a la noche siguiente entre sus órganos genitales; las futuras madres debían reproducirse con la celeridad que yo lo hago. Los mochicas practicaban algo muy diferente; me hacían devorar por sus críos para vigorizar sus cuerpos, y mediante el vigor alcanzar la madurez y la erotización. Yo soy rica en vitaminas C, B6, B2, B1, A, proteínas, glúcidos, lípidos, potasio, fósforo, magnesio, sodio, calcio, hierro, ácido pantoténico, riboflavina, y en combinación con otros alimentos adquiero nuevas cualidades. Este ha sido mi gran secreto puesto a la luz por esa tribu que convirtió el himeneo en el principal fin de su existencia. Lo afirmado lo respaldan abundantes pruebas comenzando por sus pequeñas esculturas en terracota que deambulan por ahí. Yo era ingerida en función de ser alimento y también me utilizaban como un órgano sexual en busca de su excitación. Otro asunto que no puedo dejar pasar por alto es el de los indios jíbaros. Ellos me usaban poco para robustecerse debido a que habitaban en zonas calientes. Se servían de mí para una actividad muy singular. Con ellos fui por primera vez una modelo, en tanto que tubérculo; porque quiero aclarar que también doy frutos, igualmente redondos y muy pequeños, los cuales oscilan de uno a tres centímetros; esto para hacer aclaración y diferencia en mi trabajo de modelaje. Como dije más arriba, mi cuerpo en cuanto a lo grande creció en Chile, y en lo reducido y de color amarillo oro en la llanura de la laguna de Fúquenes, en un lugar que en Colombia se denomina Boyacá. Mis tubérculos de esta zona se parecen a mis frutos, entonces los jíbaros que apreciaban la diferencia para sus fines, me llevaban desde esas lejuras con una delicadeza extremada a las selvas ardientes y bochornosas de las laderas del Amazonas. Como yo me reproduzco por germinación y no por polinización, ellos consideraban mis ojitos de color indefinible, boquita y nariz, a los punticos por donde empiezo a retoñar. Pero este no era el motivo de la importación, sino como mi cuerpo tiene muchos tamaños y formas, me ensartaban en una vara delgada siguiendo un orden riguroso, de tal manera que mi cuerpo más grande quedara de primero para descender hasta el más pequeño que era el llevado desde Fúquenes. Guiándose por todos mis cuerpos traspasados por el eje de madera, los médicos reduccionistas emprendían la competencia para lograr la cabeza de menor tamaño. He tenido también el uso de ser útil como símbolo de intercambio entre los pueblos de las nubes y los pueblos de las aguas, he sido equivalente para ser intercambiada por pescado de los indios caribes y de otras tribus, por pieles, animales y también frutos. Los incas lograron transformar mi cuerpo en harina y también lo disecaron; una de las causas de su victoria militar para lograr la dominación de sus vecinos. Me apilonaron en grandes depósitos por todo su imperio; en esta nueva condición de trasformación me hice resistente a la humedad y al tiempo, convirtiéndome por estas dos cualidades en moneda. Cinco cuartas de la mano de un indio era la medida de altura de un saco de mi cuerpo pulverizado, equivalía a una alpaca o llama con cría. Un bulto de mi cuerpo disecado valía tres bultos de pescado, en las mismas condiciones. Yo vivía apaciblemente en el seno de la sociedad indígena, cuando en una tarde de reposo en 1537, aparecieron unos extranjeros que venían de un puerto llamado Barrancos Bermejos, habían navegado por el río Opón y llegaron a lo que hoy se llama la provincia de Vélez en Colombia. Allí vi por primera vez a un tal Pedro Cieza De León. A la época me llamaba simplemente papa. Al advenedizo se le ocurrió llamarme turma de tierra; o sea, testículo de tierra, éste fue el primer ser distinto a los indígenas que conocí en toda mi historia y en toda mi vida; fecha del comienzo de una verdadera epopeya transgeográfica. Hasta ese momento conocía el agua dulce y el agua salada; la segunda solamente por las zonas costeras. Los foráneos me llevarían mar adentro en carabelas y bergantines, y en ellos cruzaría hasta la otra orilla la inmensa laguna. Viaje emprendido por primera vez desde Santa María del Darién; le seguirían puertos peruanos y sucesivamente otros. Entablé una amistad sincera con los marinos quienes fueron los que me hicieron conocer el mundo entero. Con ellos llegué hasta Japón, China, toda Asia, África y Europa. Pero no todo es color de rosa, antes de ser indispensable tuve que enfrentar pruebas difíciles; verdaderos problemas. La iglesia ortodoxa rusa me acusó de manera inicua de ser la responsable de la escrófula y de la lepra. Los campesinos rusos me consideraban anticristiana e inmunda. En otros lugares europeos se me acusaba de hermafroditismo, y también inspiradora de la masturbación. Me hicieron responsables de las enfermedades venéreas, especialmente de la sífilis, los censores echaron sobre mis espaldas culpas para hacerme juicio. En compañía de brujas fui condenada a la hoguera. Los moralistas me asociaban al culto satánico y a la perversión sexual. En España ocurrió todo lo contrario; en 1571 unos frailes me plantaron en un huerto del hospital de Sevilla para alimentar a los enfermos de avitaminosis por las agudas hambrunas de aquellos tiempos, dando mejores resultados que toda la medicina junta. En 1565 tuve la oportunidad de ser presentada en sociedad por un comerciante; esto ocurrió en Irlanda, el menos indicado, un tal Hawkinngs, quien era vendedor de esclavos y de mercancías que hacían parte del botín de piratas. Poco deductivo escogió entre mis muchos cuerpos uno que presentaba piel oscura. Por el color me asociaron con la maldad y el resultado fue desastroso. Un segundo intento irlandés lo hizo Sir Walter Raleigh en 1584; reconozco que era un hombre generoso y de muy buena voluntad; él me trajo de Virginia, pero esta vez el fracaso obedeció a una causa distinta. Su cocinero que no me conocía preparó excelentemente mis hojas botando los tubérculos, ignorando por completo que ellas son nocivas para la salud humana y los primeros síntomas comienzan por la indigestión. El favor de ser introducida y admitida en Europa se inicia con una de las luminarias de su tiempo, el filibustero Francis Drake, que como en todo lo suyo era certero. Él me remitió al prestigioso botanista John Gerarde, quien me cultivó en un jardín de Londres descubriendo todas mis virtudes, empezando por las etílicas. Soy el origen del whisky poteen derivado de mi nombre en inglés. Un prisionero hambriento y famélico que eludió la muerte porque me engorguitaba todos los días llamado Antoine-Augustin Parmentier. Aquel que participó en la guerra de los siete años contra el emperador Frédéric II en 1756-63, logró que los franceses dieran los primeros pasos para aceptarme, con la ayuda de Bufón, Turgot, Condorcet, el rey Luis XVI, la reina, y hasta Voltaire tuvo que intervenir. Anécdotas que me hacen reír siempre que me acuerdo, son la de Federico Guillermo I. En 1651 cuando amenazó a todos los agricultores que se opusieran a cultivarme con cortarles la nariz y las orejas. Igualmente lo que se llama hoy día “Los déspotas esclarecidos” como Pedro El Grande, quien obliga a los campesinos a cultivarme, llegando a utilizar la fuerza militar. Otros Jefes de Estado hicieron lo mismo. Ante esto los campesinos contraatacan con múltiples insurrecciones, actualmente llamadas “Las guerras de la papa”. El empecinamiento en reproducirme a primera vista hoy parece irrazonado. En el entonces las cosas eran muy distintas. La gente moría masivamente por hambre y enfermedad. Se me viene a la memoria un hecho doloroso; sufrí una terrible enfermedad por el desconocimiento genético de los irlandeses, asunto que hoy hay que tener mucho cuidado por esas manipulaciones que se hacen. Por ausencia de defensas me atacó el hongo Alternaria solani y luego el Phytophthora infestans, los dos son un algo así como un cáncer, conocidos popularmente como tizón. Los campos de Irlanda quedaron convertidos por la presencia de mi cuerpo hecho cadáveres, en verdaderos cementerios, a los que siguieron los cuerpos de casi un millón de irlandeses muriendo porque no tenían nada para comer. Otro tanto abandonó el país para no morir de hambre, con destino al norte de América, entre quienes se encontraban los Kennedy. Pasando a la etapa en la que considero ser indispensable, en la denominada modernidad, mi cuerpo se amplía en usos. Me requiere la industria farmacéutica, textil, maderera y de carburantes. Últimamente hago parte del etanol y soy también un eficaz adhesivo. Esto resulta secundario porque mi función principal siempre ha sido la de ser un alimento. En la actualidad me cultivan en ciento diez países. Mi cuerpo tiene la colosal presencia a nivel mundial, con trescientos ochenta millones de toneladas, apenas sí soy superada por los cereales; con ellos me estoy disputando en el momento el primer lugar. Hay tanto interés por mí que hasta me han dedicado todo un año a honrarme. Por esto soy de la convicción que todos los humanos que pueblan el planeta me conocen, sea por estarme tragando o haberme injerido más de una vez en su existencia. Una masa de especialistas me requiere, no les hace falta motivos para buscarme. Los genetistas quieren descifrar mis doce cromosomas con una longitud de setenta millones de pares de bases, equivalente a ochocientos cuarenta millones de nucléotidos; mientras que los políticos me invocan en sus programas para subsanar las quejumbres humanas. Los financistas se desvelan cómo sacar ventajas de mí para convertirme en ganancia. Los hambrientos sueñan con mi presencia en sus platos. Los fotógrafos me buscan mis mejores ángulos. Los poetas hacen de mi pulpa la carne para sus metáforas. Y así, cada uno en su cada qué, me hace suya. Mientras tanto un niño del Tercer Mundo gateando juega con mi cuerpo pensando que soy una bolita de caucho.
Este trabajo es declarado de dominio público por su autor; en consecuencia no genera ningún tipo de derechos. Puede ser parcial o totalmente reproducido por quienes lo deseen; la única exigencia es mencionar la fuente. *Efer Arrocha: escritor y periodista colombiano, residente en París. Autor de cuentos, novelas, ensayos y poemas. Director de la revista Bilingue Vericuetos. Colaborador de “La Pluma dice lo que el hombre calla…” Articulos de Efer arrocha publicados en La Pluma Los cirros de lo inanimado engrisan la poesía colombiana Cuba en su cincuentena es un hachón expandiendo lumbre " La resurrección de los malditos", el último libro de Gustavo Álvarez Gardeazábal LAS OLIMPÍADAS SINGULARIDAD DE LAS NACIONES UN INDIO EN LA PRESIDENCIA |
|
Los cirros de lo inanimado engrisan la poesía colombiana |
|
|
|
|
Escrito por Efer Arrocha, 23/04/2009
|
|
jueves, 23 de abril de 2009 |
|
Por Efer Arrocha Paris, 20 de abril de 2009 El día 12 del mes en trajín murió un poeta. Cuando desaparece un hacedor de versos, el hecho trasciende un poco más allá de la casa del frente donde enhebraba sus textos, o de la esquina cuando al dar la vuelta se perdía su espalda, para abordar el bus o seguir a pie por calles inciertas. Pero cuando este poeta ha sido fiel a la metáfora durante su corta o larga existencia, como son los amores compungidos entre la mañana y la tarde; sus trazos en el surco de la memoria comienzan a hondarse y también a ramificarse. Es por esto que cuando aquí en la calle Oberkampf del barrio XI en París, los vericuetómanos conocimos el fallecimiento de Mario Rivero, Libia Acero-Borbón comentaba que ella no se perdía en sus tiempos de estudiante los programas radiales de este periodista, que sobre tangos eran emitidos por Caracol. Cortada por el resuello de la carrera, llegaba a su casa del barrio Ciudad Jardín Bogotá, justo para prender el philips de cuatro bandas con sonido estereofónico y empezar a oír el primer tango. Hernando Franco, amigo de Rivero, tiene sus bolsillos hinchados de un anecdotario con el poeta. Nos comentaba que en una tarde en una librería de la calle 18 de la capital, luego de comprar libros, salieron y se vieron forzados entrar al Café de enseguida donde luego Mario acotó: Llueve más que en las peores páginas de García Márquez. Otros, entre los cuales me sitúo, apenas sí tuvimos la ocasión de dos breves encuentros intrascendentes. El primero en su pegujal de origen, y el otro, en tiempos cuando ya se ganaba la vida escribiendo para una revista de alto pedigrí económico, y también para un periódico, El Espectador, de la ciudad en cuita. Para entonces su nombre de pila era completamente desueto por lo inusual. Por su protagonismo en el espacio de las letras tenía pocos seguidores y en cambio muchos detractores. Lo conocimos en Medellín en un viernes cultural en el Café Maracaibo, territorio de los ajedrecistas antioqueños en compañía de los también ausentes, el poeta Juvenal Herrera Torres, el xilotista Luis Holguín, consuetudinario organizador de campeonatos a nivel de café, municipio, departamento o nación, y donde también estaba presente un pintor de apellido Fernández. Allí lo nombrábamos como Mario Cataño Restrepo. En un rincón del establecimiento, Mario y Juvenal comentaban su anecdotario en los tiempos de prolos, cuando Herrera era trabajador en Itagüí en la cervecería Pilsen, y Mario en Coltejer en la planta de un pueblito que tiene un nombre muy curioso porque al oírlo uno piensa de inmediato en árboles y maderas. Aclaramos que esto del pueblito lo escribimos con afecto porque Envigado, que así se llama el lugar en referencia, es un municipio de envergadura económica, y cuna también de abolengos porque allí nacieron connotados colombianos. Entre lo que les oímos decir recalcaban que se habían visto obligados a abandonar la escuela por urgencias económicas. En una intromisión dijimos que los poetas tienen el mismo denominador de las dificultades, así éstas provengan de distintos horizontes. Uno de similitud con ellos era Walt Withman, quien apenas cursó la escuela primaria para luego trabajar como obrero en una imprenta. Hecho que desde la perspectiva literaria, los colocaba en el campo del autodidactismo, y por ende en el empirismo estético, que desde luego, analizado desde el ángulo cognitivo no era ningún desmerecimiento, sino todo lo contrario. También Medellín, como Colombia, vivía la década del 60, lapso romántico de este país. En este espacio temporal se dieron las grandes rupturas. En lo que concierne a la poesía, luego del estremecimiento que había sufrido a finales del siglo XIX a causa del modernismo encabezado por José Asunción Silva, se retornó a una tranquilidad donde se encuentran hechos como es el caso de “Los Nuevos”, en 1925; nombre derivado del título de la revista que los agrupaba. Posteriormente vendrían “Los Piedracielitas” de mayor calado estético por la década del 30. Finalizando el período, el poeta Jorge Rojas crea la colección de Piedra y cielo, donde publicaron Eduardo Carranza, Gerardo Valencia, Darío Samper, Tomás Vargas Osorio… Luego de un interregno nos encontramos que en el año 60, surge el nadaísmo, movimiento muy controvertido y de mayor significación en la historia poética del siglo XX en Colombia, el cual se lanza con un manifiesto que por sus contenidos, pero sobre todo por la actitud de sus integrantes, le permite cuestionar todo el andamiaje de la tradición y las costumbres sociales de la nación. Para lograrlo enfoca todas sus críticas en dirección de sus dos pilares sustentatorios, constituyentes de los valores del atraso, de lo reaccionario, y por ello de lo retrógrado: la Iglesia y el Estado. Movimiento liderado por su fundador, Gonzalo Arango, que murió prematuramente en un accidente. Del grupo sobreviven desperdigados algunos; entre los cuales sigue siendo muy prolífero, creativo y combativo, J. Mario Arveláez, y X504 de vida clandestina que sólo se hace público con crónicas en periódicos o cuando aparecen sus libros de poesía. Existen otros entre los que se figura Fany Buitrago. De su narrativa fuimos lectores asiduos y hasta ahora desconocemos su paradero, tanto espacial como escritural. Mario Rivero fue contemporáneo de los nadaístas junto con otro poeta muy conocido en Colombia, Giovanni Quessep. La obra de Rivero sin ser nadaísta sí presenta una interrelación con este movimiento, puesto que sus poemas expresan lo social-popular, antes ajeno a la poesía. La poesía nadaísta, igual que la de Mario Rivero y otros, presenta contenidos fundamentales que resultan determinantes para el análisis riguroso de este tipo de producción. Es el medio en el cual se origina la obra, y que en crítica literaria se le define como contexto del texto. La década del 60 fue un estadio esplendoroso para Colombia, como también para América Latina y el mundo. Sólo haremos un breve boceto por razones obvias. Empezamos por la libertad femenina. Las teóricas y los teóricos del tema podrán argumentar muchas cosas, pero fue la ciencia a través de la píldora que entregó la libertad sexual, y sobre ésta se erigieron otras. En Colombia vino el desfogue de las jovencitas que se subieron las faldas al roce de los glúteos alternando con un erotismo desbocado que se convirtió en contagio para recatadas damas de rosario y camándula que se subieron la falda dejándola un poco más abajo, no por recato ni pudor, sino porque sus carnes no eran tan lozanas, y en el segundo sentido, el concepto de fidelidad quedó hecho trizas. Luego aparecerían los movimientos juveniles encabezados por los hippies y con ellos las primeras discotecas, el cigarrillo fue reemplazado por la marihuana, siendo memorable en Medellín Carol, que sin mal no recordamos, fue uno de los primeros en fundar una discoteca en la urbe, y luego organizó un festival de rock en un parque preparado para la ocasión que se llamó Ancón. Al sitio se volcó en una tarde dominical toda la población paisa, a oír música alternada con la cannabis-sativa, y cuyo epílogo fue una orgía pública. Derivado de esto, la alta burguesía antioqueña establecería la moda del mismo género en su clase; es decir, hembra con hembra y macho con macho; costumbre que rápidamente pasó a los sectores de la clase media. En lo público dio lugar a que las lesbianas tuvieran su propio lugar de encuentro, la Heladería Sayonara, situada en el parque Bolívar. En lo político, los partidos tradicionales, liberal y conservador, entraron en regresión. A causa de este fenómeno aparecieron nuevos movimientos de izquierda distinto a al partido comunista. Es el caso del MOIR. Igualmente nuevos partidos comunistas de acuerdo a la división del movimiento comunista internacional. Surgieron movimientos guerrilleros de sobresaliente trayectoria como el EPL el ELN y las FARC, entre otros. Las instituciones monolíticas entraron en crisis, la iglesia colombiana se agrietó con el movimiento de Golconda. Nos acordamos ahora que nos correspondió una tarea difícil por lo imposible, buscar punto de encuentro entre la Biblia y el pensamiento de Carlos Marx, objetivo finalmente logrado a través del Sermón de la Montaña y otros malabarismos. A una institución tan cerrada como es el ejército colombiano le surgieron en su seno en franca rebeldía militar, los tenientes Sendales y Escobar. Este último se apropió de varios tanques y trató de huir a los llanos orientales. En el área del pensamiento, en el más puro sigilo circulaban ideas contrarias a la cúpula castrense, la cual se manifestaba mediante el movimiento de la Estrella Verde. La academia no quedó exenta, sufrió su mengua y deterioro. La élite estudiantil se salió del pénsul oficial, luego abandonó las aulas y buscó nuevos abrevaderos sumándose a la juventud intelectual que le era adversa por ser una institución esclerosada. El cambio desató una sed de saber que no conocía medida. Se empezó estudiando el cine en toda su dimensión. La vanguardia francesa, italiana y sueca, fueron los atractivos que concentraron la mayor atención, dando lugar al nacimiento de una institución desconocida, el cine-club. Todo era sometido al análisis y a la teorización. En la pintura ocurrió lo mismo; los escasos talleres existentes fueron sustituidos por grupos y talleres colectivos, la pintura colombiana abrió sus puertas a la realidad del mundo, comenzando por los muralistas mexicanos, Rivera, Orozco y Siqueiros. Frida Kahlo resultaba más interesante por sus amores con Trosky que por sus pinturas. Se constituyeron los grupos de estudios de la cultura y el arte. Se investigaba lo local y lo transgeográfico. Nos correspondió averiguar sobre los coloristas italianos, empezamos con Giotto y luego nos fuimos extendiendo a otras tendencias. En cuanto a la literatura, particularmente en Medellín, muy rápido se superó la producción poética local, encabezada por Jorge Robledo Ortiz, que fue el último representante de la oda enaltecedora de los valores localista, y por ello nostálgica, pastoril y pueblerina, condensada en su poema “Siquiera se murieron los abuelos”, a ésta la barrió sin mucho esfuerzo la nueva canción popular, entre la que se incluye la de los grupos juveniles como los Gogó y los Yeyé, quienes tenían sus propios estribillos para disputarse entre sí: “Aquél que inventó la e, seguro que era un Yeyé” y los otros contrarrestaban: “Aquél que inventó la o, no hay duda que era un Gogó”. Los grupos juveniles no volvieron a leer la poesía escolar, sino que resultaron ávidos por los versos de otros horizontes. Como se habían constituido círculos de estudios poéticos por países de toda América, el primero que publicó a un poeta extranjero y desconocido fue el que estudiaba el Perú. Ellos publicaron la obra completa de César Vallejo. Siguiendo el ejemplo, a quienes nos correspondió Chile, publicamos parcialmente a Vicente Huidobro y a Pablo Neruda. De México se publicó a Gorostiza, y así a poetas de toda América. Producto de estas búsquedas y descubrimientos surgirían verdaderos especialistas al margen de la universidad, cuyos profesores para los nuevos tiempos resultaban ser verdaderos anacronismos. Uno de ellos fue Faber Agudelo, quien no solamente se estudió la obra sino también la vida de Baudelaire. Oír a Faber leer los poemas o discurrir sobre el anecdotario del poeta francés era un verdadero deleite intelectual, para aprovecharlo le organizamos conferencias y pequeños seminarios en el sindicato del departamento. Julio, de quien hemos olvidado el apellido, hizo otro tanto con Apollinaire y Rilke y así otros fenómenos culturales y creativos fueron truncados o eclipsados por la agudización del conflicto a partir de la década siguiente, y que aún hoy no ha sido solucionado. En cuanto a Mario Rivero, en 1972 tuvo la idea de fundar una revista en asocio con Jaime García, Fernando Charry Lara, Giovanni Quessep y Aurelio Arturo, dándole el título de Golpe de dados, que puede ser la traducción abreviada al español de un poema bastante conocido de Stéphane Mallarmé, “Coup de dés jamais n’abolira le hasard”. Publicación que es un significativo aporte a la cultura colombiana y un registro invaluable para la poesía, a causa de su longevidad con casi sus 40 años de existencia, logrando ser el estanque de muchos acontecimientos creativos. Tanto en Colombia como en América Latina, las publicaciones sobre poesía son casi siempre producto de la iniciativa individual y privada. El estado se desentiende de sus obligaciones y por ello recae sobre los poetas el compromiso de ser divulgadores de sus propios textos y de sus colegas. Otro caso meritorio en este sentido en Colombia, es la revista Puesto de Combate, fundada y dirigida por Milcíades Arévalo, publicación que aquí en París tiene lectores asiduos. A Milcíades lo recordamos cariñosamente por su labor creativa y también como amigo en las noches de bohemia azuzadas por entre los vinos rojos y disquisiciones eruditas, matizadas algunas veces con alegría y en otras con tristeza. La obra poética de Rivero podría calificarse de extensa; no obstante de ser un poeta tardío, pues comenzó a escribir versos cuando tenía 26 años. Sus primeros textos públicos datan desde 1963, años de efervescencia nadaísta. Poemas que se le conocen bajo el rótulo de una factura citadina por la temática de lo urbano. Una interrogante que surge sobre el poeta es el por qué no hizo parte del nadaísmo, todas las condiciones se daban para que él fuera uno de sus miembros; empezando porque Gonzalo Arango era paisa como él, hecho que le brinda un espacio de acercamiento y un terreno para la amistad, además el nadaísmo era un movimiento abierto y contradictor muy propio para el perfil en ese entonces de Rivero. Quien nos puede develar el tema mediante una simple pregunta que desde aquí formulamos, es J. Mario Arveláez, respuesta que puede tener escondida entre sus valijas o en la relojera de sus pantalones de dril color café. Entre sus libros publicados podemos citar algunos: Del amor y su huella, Mis asuntos, Vuelvo a las calles, Balada de la gran señora, Poemas de invierno, Vivo todavía y Baladas. Su obra la han clasificado especialistas y poetas matriculándola bajo diferentes rótulos. Unos sostienen que pertenece a la generación Sin nombre, otros a la generación de Golpe de dados, hay quienes lo incluyen en la generación Frustrada, y nosotros para no quedarnos al margen lo incluimos en la generaciones del Estado de sitio. Nuestra tesis es sencilla. Quienes escribimos nacimos y crecimos en el Estado de sitio y abandonamos Colombia en la década del 80 a causa del mismo, pero era un Estado de sitio rarísimo; en la década del 60 y hasta finalizar la del 70 habían huelgas indefinidas, protestas violentas, la propaganda política tanto nacional como extranjera circulaba libremente. Una evidencia de lo que sostenemos fue toda la información que en folletos recibíamos sobre la guerra de Vietnam. La revista Pekin informa, la leíamos semanalmente. Las pintas más agresivas, hoy llamadas graffitis se podían escribir en cualquier espacio público o privado, y si el autor era capturado in fraganti, no iba más allá de una amonestación de advertencia del oficial de turno en la comisaría. Excepción era si el asunto se trataba de grupos guerrilleros. Esto no era incumbencia de la justicia ordinaria y civil, sino de la justicia militar, pasando el cautivo a manos del comandante de brigada o batallón, donde el precio a pagar era distinto. A todos los representantes del estado, empezando por el presidente se les vituperaba tanto oral como por escrito, en todos los términos de la lengua comenzando por el más soez, con verdades o difamaciones, que para el caso daba lo mismo; no importando quien lo dijera o lo afirmara y no pasaba absolutamente nada. Sin embargo, el poema y con él el poeta, no dejaban de ser observados meticulosamente cuando éstos se convertían en un elemento turbulento. Los estamentos oficiales lo marginaban sutilmente, aislándolo mediante el método de bloquearlos en la cultura estatal y también en la cultura privada de significación. Lo anterior ha sido una enfermedad endémica en ese país desde el mismo momento de su independencia. Esto ha dado lugar a dos tipos de poetas; el poeta oficial que loa a la institución y a la franja social de los intereses en el poder, y si no los poetiza directamente se integra en el medio como individuo. En el otro polo se encuentra el poeta que está contra el establecimiento, él produce un texto crítico, sea desde la perspectiva de lo social o de la estética. Su producción está en concordancia con su forma de vida. Carece de la posibilidad que su texto pueda ofrecerle emolumentos. Toda oportunidad económica le es cerrada, en últimas es un ser tapiado por el sistema de una manera imperceptible. En este sentido por carecer de elementos informativos, no estamos en condiciones de incluir en cualquier de los dos campos a Mario Rivero, pero todo parece indicar por los pocos elementos que poseemos, es que él había logrado vivir de la poesía. Si esto es así, es un mérito que merece nuestro aplauso y admiración y todo lo que nos resta decir sobre su deceso es presentar a sus familiares nuestras más sentidas condolencias. Tango para "Irma la dulce" Aquí estuvo sacudida por el manoseo de las habladurías y los despertadores Aquí estuvo demasiado triste en el final Las palmas bajo la nuca y el pelo desparramado agreste /como barba de coco mirándolo todo con simpleza y admiración "cómo se ve que tú eres escritor" me dice a mediavoz en la tiniebla de un cuarto con ginebra estéreo y flores de plástico de todos los colores Allí figuraban y no podían faltar claro está Sosa Beny Moré Gardel los clásicos del tango y del bolero y los otros los Mozart y los Beethoven de siempre en fin todo eso que uno no ha aprendido a sentir pero que sí parece lo único verdaderamente pulcro adecuado para evadir la brutalidad de los sucesos Yo estaba lejano triste tratando de animar falazmente la cansada sangre en las venas y ella ancha casi tapando la cama funcionando soberbiamente con lo que se podría llamar su belleza o sea "su verdad" una cosa hecha de calor-poder-y-fuerza un desbordamiento como una yegua blanca con sus patas traseras bien abiertas que se vuelven plateadas y empiezan a brillar en un cabrilleo de luces inestable una rendija de luz en la persiana que sube por sus piernas e impone a su cuerpo una lividez de avena y todo todo perdiendo la certeza y la eternidad como si la luz estuviera de veras inventando una forma nueva ya en la noche se había acabado ella puso su mano en mi cara y dijo "soy una mujer /cansada" tan grata su mirada que me sentí ablandado sin luchas quise adelantarme empujar la persiana admitir la franqueza del día la circuntristeza romper el espejismo el sortilegio engañoso "por qué hablas así gatita esas son las cosas que dicen las intelectuales neuróticas" "lo sé pero créeme que hablo completamente en serio" y luego como la cosa más natural del mundo "sé que el error está en mí misma" llama "error" a su vida y me contó de su marido músico mafioso chupando la trompeta como si fuera marihuana hasta la madrugada "no, no es un programa estar sola todas las noches no creas" y continuó hablando y vistiéndose un sostén modelo /televisión y un liguero negro y diciendo que "qué barbaridad" y que "qué tontería" como respuesta a una pregunta conocida a una inquisición cifrada "sí creo que así es lo mejor" agrega "no hay complicaciones ni números de teléfonos, ni cartas de amor ni nada" "me gusta la vida libre el cambio" le digo "le tengo un horror sagrado a las posesiones y ahora ya sabes mi nombre y donde vivo para que se empiecen a amarrar los nudos para que todo se empiece a terminar" Y le invento una historia mediocre profundamente provinciana o de la literatura considerada como la coartada perfecta ella no lloró ni se rió miró melancólicamente frente a sí como si hubiera un vacío evidentemente no conocía ni a yago ni a otelo ni a "chéspier" y ni siquiera a maupassant y esta ignorancia la conducía hacia la niñez dulcemente "El mundo es así" concluyo como si ya me estuviese yendo lejos de un modo gentil y frío y termino con un instantáneo "la gente"... es la vaga indecisa palabra en la que le he decretado de pronto su fin Afuera en la tiembla-luz las casas cerradas envueltas en un vapor esmerilado un postigo que se abre como un párpado y que luego se cierra intenta tocar de nuevo su ombligo oloroso sus teticas apretadas forradas bajo un dique de botones y flecos tratando de inventar el gesto la actitud la palabra que diluya en un aire amable casual la tristeza largalargalarga de pozo ciego el encantamiento muerto Pero hay que irse no podemos esperar demasiado se cubrió con los vidrios oscuros alta lejana va yéndose con su olor ruda-y-sal bajo las axilas del suéter con su carne viva templada bajo la piel con el amor... "Llámame cuando quieras" me dijo a modo de despedida sobre los árboles con hojas de pelusa plateada comenzaba un cielo azul-bandera... MARIO RIVERO |
|
Modificado el ( lunes, 04 de mayo de 2009 )
|
|
Colores, diversidad y una pirámide de libros evocan a México en feria parisiense |
|
|
|
|
Escrito por AFP , 13/03/2009
|
|
sábado, 14 de marzo de 2009 |
|
La dificultad era dar una idea de un México moderno, contemporáneo, actual, de un país que va hacia adelante, pero que por otro lado sabe vivir con su historia", declaró el arquitecto Bernardo Gómez Pimienta, que concibió el pabellón dedicado a México. AFP París. El Salón del libro de París abrió sus puertas este viernes y se prolongará hasta el 18 de marzo, con México como invitado de honor en un pabellón cuyos colores simbolizan la diversidad de la cultura mexicana. El Salón del Libro de París es una de las mayores manifestaciones culturales europeas abiertas al público: recibe mil 200 editores, más de 3 mil autores y organiza conferencias y encuentros con los escritores en sus 50 mil metros cuadrados. El pabellón mexicano es un espacio de mil metros cuadrados cuyo techo se adorna con innumerables paneles de colores distintos, los mismos que luce el suelo. En el muro del fondo de la parte dedicada a exposición, una pirámide de libros evoca a México sin nombrarlo. "La dificultad era dar una idea de un México moderno, contemporáneo, actual, de un país que va hacia adelante, pero que por otro lado sabe vivir con su historia", declaró a la AFP el arquitecto Bernardo Gómez Pimienta, que concibió el pabellón. "Los colores no son los colores primarios ni los colores típicos de México. Son colores secundarios o terciarios, y la idea era dar una impresión de juego, de alegría, de ganas de vivir que de alguna manera representa mucho lo que es México", agregó. Cerca de 40 autores mexicanos, todos ellos traducidos al francés, están presentes en el salón. Varios de ellos dieron conferencias y presentaron sus obras ya este viernes: el poeta Homero Aridjis, Jordi Soler, Fabio Morabito, David Toscana, Guillermo Fadanelli y Jorge Volpi. En el programa del día figura asimismo una mesa redonda sobre "Continuidades y rupturas en la novela", con la participación de José Agustín, Héctor Manjarrez, Ignacio Padilla y Guadalupe Nettel. "Estamos presentando un mosaico de la literatura mexicana. Yo creo que un poco de la magia, de la riqueza y de la pluralidad de nuestro país. México es un país de grandes ciudades, pero también es un país del campo, de la montaña y del mar, de una enorme creatividad y de una enorme fuerza de identidad nacional. Esta identidad es lo que estamos mostrando", señaló a la AFP el embajador de México en Francia, Carlos de Icaza. El Salón del Libro de París "es un gran escaparate para darnos a conocer y para que se actualice la imagen y la percepción de México", agregó, recordando que "no sólo en el pabellón mexicano del Salón, sino también en todas las grandes librerías de París habrá secciones dedicadas a México, a su literatura, a su cultura". Además de las actividades del Salón, París acoge numerosas exposiciones dedicadas al arte mexicano, entre ellas la de arte contemporáneo "Desde/Hacia México", que presenta fotografías, vídeos e instalación de los artistas mexicanos Jorge Arnaud Bello, Jorge Satorre y Joaquín Segura y de los españoles Jordi Mitjá y Santiago Sierra, que fue inaugurada el jueves por la noche, al mismo tiempo que el Salón del Libro. |
|
|