Cuando estuve en el desierto |
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| Escrito por Atenea ACEVEDO, Tlaxcala, 23/05/2009 | |
| sábado, 23 de mayo de 2009 | |
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AUTOR: Atenea ACEVEDO MADRE ÁFRICA: 20/05/2009 Para J.O.
Llegar a Dajla, uno de los campamentos de población refugiada saharaui en Argelia cuyo nombre corresponde a una de sus ciudades bajo ocupación militar marroquí, es una odisea en toda regla. Como si las peripecias se conjugaran para poner a prueba la determinación y la dureza del pellejo de la viajera, tan solo para recompensarla con imágenes y emociones irrepetibles. Las horas en un avión charter que más parece un autobús alquilado por un grupo de conocidos y el despiadado masaje que me regala el transporte todoterreno desde Tinduf son el peaje del primer amanecer en el desierto. Mis ojos dejan el atisbo y se abren como abanicos, embrujados ante el vigor del fuego que se alza con el impulso de un dios absoluto. No se cerrarán en mucho tiempo, acaso para dormitar en la jaima o el gueton cuando el cuerpo se niega a acompañar mi necesidad de recorrer y recordarlo todo.
Al igual que los cientos de personas que estamos de paso, disfruto el ritual del té, el cobijo de una familia, las bondades del turbante, el lucero que presagia el amanecer, la sabia cadencia de los dromedarios. La quietud de cada momento obsequia un aprendizaje. Escucho atenta el saludo saharaui, un intercambio de preguntas sobre el bienestar de la familia y el ganado, sobre los caminos recorridos y la deseada presencia del agua en un páramo sin dueño. Se trata de algo más que una tradición de errantes, aquel diálogo útil para trazar la propia ruta y aminorar las probabilidades de perecer o perderse en rojizos senderos: al preservar el saludo que distingue su espíritu nómada, el pueblo saharaui sella su convicción en la victoria y persigue la urdimbre de su identidad legendaria. La imaginación reina en el Sahara, espacio ideal para la delirante organización de un festival internacional de cine. Proyectar películas en la inmensidad de una mal llamada nada no solo refresca los sentidos marcados por una paciencia que se agota. ¿Qué mejor medio para asomarse a otras realidades y presentar la propia que el lenguaje audiovisual, insignia de nuestros tiempos? Por eso el festival ofrece talleres de documental, fotografía, edición, sonido o radio. Por eso se trabaja en la construcción de la primera escuela de cine y acaban de inaugurarse las transmisiones de la televisión saharaui. Todo sirve para fortalecer la trinchera de la dignidad y defender la sonrisa de esta gente que no pide permiso para ser y empuñar su bandera.
Fuente: La autora |
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| Modificado el ( sábado, 23 de mayo de 2009 ) |
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